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Una mano deja una taza de café humeante sobre una mesa de madera, junto a un portátil cerrado, con la luz de la ventana entrando de lado.

Media hora, tu semana encima de la mesa

Sin coste. Me cuentas qué hiciste el martes por la tarde, en qué se te paró el trabajo y qué llevas meses aplazando. Sales sabiendo por dónde tirar, conmigo o sin mí.

El café no se paga: es la primera parte del trabajo, no una llamada para venderte nada. Lo que se paga es lo que construyamos después, si hay algo que construir.

No hay cuenta atrás ni plazas que se acaban. Escribes cuando puedas.

Qué pasa después

Te contesto yo, buscamos hueco, y la media hora se corta a la media hora aunque la conversación esté buena. Sales sabiendo por dónde tirar. Y si lo tuyo no cabe en media hora, lo termino de mirar yo y te lo mando escrito con la propuesta. Si sale algo que construir, te digo cuándo la tendrás. Y si no, también.

Qué no pasa

No te meto en ninguna lista, y no hay una segunda llamada para venderte lo que no vimos en la primera.

Dime cuál de estos se parece a lo tuyo

Pincha el suyo y se te abre el correo ya escrito, con el asunto puesto. Lo cambias antes de enviarlo, faltaría más.

El correo, ya escrito

David, soy Leia

David, soy Leia. Lo que se me está comiendo la semana es:

Un mensaje por LinkedIn vale igual.

O escribes aquí mismo

Si no te apetece abrir el correo, esto llega igual.